Capítulo 11
EL LIBRO DE BIOQUANTUM
Capítulo 11
Aperos de labranza
En tu existencia como humano, sin que puedas negarlo, casi siempre te ha dado por objetar lo que hay a tu alrededor; de ahí que a las cosas les dices “objetos”. La verdad es que todo lo que vibra en tu medio ambiente no son meros objetos, más bien son experiencias que tienes que vivir. Una prenda de vestir, por ejemplo, no es sólo un objeto, porque cuando la usas, estás teniendo una experiencia, agradable o desagradable, pero a fin de cuentas es una vivencia real y verdadera, ¿o tú qué crees? Objetar quiere decir: no estar de acuerdo en; es oponerse a; es contradecir, etc. ¿Te habías puesto a pensar en eso? ¿Qué será aquello en lo que no estás de acuerdo; a qué te opones o qué es lo que contradices cuando te estás refiriendo a un objeto cualquiera? ¡A laenergía que lo compone!, así de simple. Decirle “objeto” a las cosas es ‘quitarles la vida’. No puedes seguir hablando de ellos en forma despectiva como lo venías haciendo, y expresarte como si no tuvieran inteligencia propia —los objetos, digo.
No sigas comprando la idea o creyéndote el cuento bobo que los objetos son ‘cosas inanimadas’, como te lo han querido hacer ver. Alguien jugó con los conceptos y por eso vives en un mundo de separatividad. El papel principal que estás llevando a cabo en estos precisos momentos, con el hecho de vivir en este plano dimensional, es la integración total; la unión contigo mismo por dentro y por fuera y con todo lo que te rodea… y cuando le dices “objeto” a algo es que no estás aceptando que en su interior —desde sus átomos y más allá aún—, todo lo que hay allí, es energía. Sí, dije ENERGÍA. Y la energía es inteligente, es consciente, es autónoma. La energía es sabiduría universal. ¿Quién fue entonces el gracioso que empezó a objetar la existencia de la energía en las cosas visibles y tangibles? Yo sí sé, ¿y tú? ¿Alguna vez has conjugado el verbo “objetar” en tiempo presente? ¿Lo hacemos aquí? Bueno. «Yo objeto; tú objetas; él objeta; nosotros objetamos; ustedes objetan; ellos objetan». ¿Qué tal, objetas, o no objetas? ¡Desde luego que lo haces! Siempre has actuado de esa manera porque nadie te había mostrado lo contrario.
Toda la materia está constituida por energía en su interior. Materia es energía coagulada. La energía es invisible para tus ojos físicos porque está vibrando en frecuencias elevadas, en dimensiones superiores difíciles de captar humanamente. La materia que se encuentra en la tercera dimensión es energía también, pero vibrando a escalas inferiores, por eso la percibes con tu vista y con tu tacto. Tú eres un ente constituido de materia y tu cuerpo vibra en la misma frecuencia que todo lo demás —lo que también es material y te rodea.
La energía viene “de la nada”, de la dimensión “desconocida”, de donde ciertamente no hay Nada pero existe Todo en potencia. La energía tiene su origen en el “vacío absoluto”. La energía es la materia prima de la Materia, de los sólidos, líquidos y gases que existen por doquier. Desde dimensiones superiores viaja la energía primero como un pensamiento para cristalizar luego en forma de cosas en la dimensión objetiva, en la que sí puedes ver y palpar; donde te desenvuelves física y materialmente. En palabras llanas o simples tus pensamientos son los que le “dan vida” a todos los objetos que te rodean.
En otros capítulos te hablaré profusamente acerca de ‘cómo crear tu entorno’, y acerca de la ‘multidimensionalidad’; para que no te confundas, ahorita nada más déjame te cuento algo que pasó con unos científicos cuando éstos quisieron ver lo que había al interior del átomo, supuestamente indivisible, de ahí su nombre, ¿quieres? Resulta que, en un laboratorio de física, hace un buen de años, después que lograron aislar a un átomo, o sea, que lo agarraron solito, sin que nadie lo defendiera, ya desnudo, lo empezaron a bombardear con un potente haz de luz —entiéndase rayo láser— pues pretendían fisionarlo, eso es, desbaratarlo, romperlo, hacerlo añicos para saber qué contenía o ver si estaba hueco y vacío por dentro. Su sorpresa fue mayúscula cuando al primer envión de aquel mortal golpe ¡el átomo se movió!, fue de un lado a otro esquivando la metralla y gritando a todo pulmón: ¡“Qué jijos; ole”!, confirmando con eso que aunque sean partículas muy pequeñas ¡tienen vida!, tienen inteligencia y son autónomos, por eso se mueven.
El susodicho átomo ¡quería salvar el pellejo!, no quería morir tan joven y sin haber amado, no estaba dispuesto a que lo descuartizaran y lo usaran como conejillo de indias. Pobre de aquel átomo, sus minutos estaban contados; era la crónica de una muerte anunciada. Sin salir de su asombro, los científicos tuvieron que encadenarlo, maniatarlo, o sea, agarrarlo de pies y manos para poder abrirlo o romperlo… y después de un buen rato en que se les habían parado los pelos, lograron su cometido: la fisión atómica. Cabe destacar que después de ese tremendo forcejeo, descubrieron al interior de esa diminuta, pero no menos inteligente partícula de energía, al núcleo, los protones, neutrones y electrones.
¿Cómo la ves?, interesante, ¿no? Vas a pensar que es una “charrita” la que te acabo de contar, pero, si estudias física nuclear o física cuántica te vas a dar cuenta de lo que estoy hablando. Por eso yo amo a los científicos, ellos no son tan ateos como los tienes catalogados, porque ¡vaya que conocen a Dios!; lo entienden mucho mejor que cualquier “religioso de hueso colorado”. Benditos sean los científicos que descubren a la Conciencia Cósmica Universal en la ciencia a cada momento. ¿Por qué digo eso? Porque Dios es energía, y algunos practicantes de la ciencia, los verdaderos y devotos fervientes de la física, descubren en la energía el origen de la vida misma. ¿No es sorprendente? Porque a mí me sigue gustando más y más la ciencia cada día. ¡Arriba la física cuántica!
Así que, ¿cómo ves eso de la energía? ¿No sabías que la energía está viva, que piensa y que actúa? Ahora ya lo sabes, y no podrás alegar ignorancia más tarde. Me imagino que después que has leído tantas páginas en las que no hago otra cosa más que hablar acerca de tu Ser, habrás entendido que el Ser es luz, energía pura de la más alta calidad, que no es nada material ni algo denso porque vibra en dimensiones superiores muy distintas a la región en que te desenvuelves y crees conocer. No irás a “objetar” a tu Ser, ¿verdad? ¡Por Dios, espero que no! Tengo todas mis esperanzas puestas en ti, tenme paciencia, aguarda hasta que termine de mostrarte a cabalidad qué y quién es el Ser. Cada vez falta menos para que lo conozcas.
¿Todavía tienes ganas de entrar en contacto con Él? ¿Quieres conocerlo y fusionarte para que los dos sean Uno? Estoy hablando que en cierto momento tu parte humana se fundirá con tu parte divina, ¿he sido claro? Nada más te falta reunir unos cuantos elementos básicos para que atraigas esa poderosa fuerza a tu presencia y la hagas aflorar a través de ti mismo. Aún hay piezas del rompecabezas por acomodar para que veas realmente de qué se trata el juego de la vida. Pero, ¿y si tu Ser fuera lumbre que te quemara las manos al tocarlo? ¿Tienes guantes siquiera para poderlo manejar? ¿Estás preparado con un traje como el que usan los bomberos para soportar la radiación que despide? ¿Ya te dio miedo ahora sí verte cara a cara con tu Esencia, Espíritu o Ser? Ja, ja, ¿no que muy valiente?
No te apures, no te va a pasar nada que no quieras que suceda. Siempre estaré al lado tuyo cuidándote. Además, creo que es muy tarde para que te desalientes y quieras regresar a tu antigua vida, porque ahora ya “sabes demasiado” y te encuentras en el punto exacto del “no retorno”, así que, es mejor que sigas adelante; termina lo que empezaste. [El término “no retorno” se usa mucho en la aviación; imagina un jumbo jet en vuelo por el atlántico, de París a la ciudad de México, si trae combustible justo para el viaje de ida, en el momento que está a la pura mitad de su recorrido debe tomar la decisión de seguir o dar marcha atrás, no hay más opción, ya que si sobrepasa ese punto y quiere regresar hay más probabilidades de fracasar]. Por lo pronto yo te guío en lo que encontramos a tu maestro para que sea él quien te ayude a terminar con el trabajo que tienes pendiente y te echaste a cuestas. Yo te entregaré las herramientas que necesitas para que concluyas lo que te propusiste hacer y corones tus esfuerzos. Prepárate.
En estas líneas te voy a enseñar, entre otras cosas, algo más allá de la anatomía física, ¿estás de acuerdo? Aparte de los cinco sentidos primarios con que cuentas moran en tu interior ciertos sentidos superiores que pueden percibir las energías que emiten las personas, los “objetos” y, por ende, los lugares. A la acción de sentir las energías se le conoce como percepción extrasensorial; lo de extra es porque está más allá de lo que captan normalmente los cinco sentidos físicos. Repito, las personas, lugares y cosas irradian vibraciones permanentemente y tu cuerpo es como una gran antena capaz de registrar y asimilar su significado en forma de percepciones internas cuando dices: “Tengo la sensación de…”, etc.
El área del “sentir” se encuentra en la parte frontal de tu cuerpo físico, en el pecho, misma que se extiende desde la línea superior de tus tetillas hasta la cintura. Algunos llaman a esta área energética plexo solar. Ese centro tiene muchas “agujitas” apuntando hacia afuera debido a la cantidad de órganos vitales que hay adentro. El punto principal por donde se “siente”, lo tienes en el abdomen. Energéticamente se ve como un embudo o torbellino que se amplía desde el interior de tu cuerpo hacia afuera, a manera de espiral, ensanchándose cada vez que gira y gira sin parar ‘atrapando’ toda la energía circundante. Lo que sientes puede ser tan leve como un hormigueo o tan fuerte como un vuelco en el estómago. El plexo funciona como antena porque numerosas redes nerviosas vinculadas con el sistema autónomo se localizan allí, extendiéndose como un enrejado de finísimos cables cargados de impulsos eléctricos.
El área del “sentir” es un centro importante de energía relacionado íntimamente con las emociones. Como práctica, quiero que ‘sientas’ la energía del lugar donde te encuentras, activando tu sistema de rastreo natural de percepción que hay en tu pecho. Mueve tu “antena parabólica” para localizar los cambios de vibración. Piensa en alguien que conoces para ver qué sientes. Acepta e interpreta hasta la más mínima impresión que recibas. También puedes usar las manos para conectar mejor la emoción recibida tocando algún objeto propiedad de aquél que deseas “captar”, porque las cosas siempre guardan energías de su dueño.
Quien es sensitivo es relativamente más sentimental que el común denominador, y hasta cierto grado vulnerable, por la capacidad que tiene de sentir la energía tanto de los lugares, “objetos” y de las demás personas. El que “siente” mucho suele preocuparse más de la cuenta, por su manera de percibir. “Sentir” es el más natural de los sentidos superiores y el más fácil de desarrollar conscientemente. Nada más hay que saber dónde se localiza y cómo activarlo. La percepción, en tu caso, te ayudará a detectar la presencia de los seres sutiles, lazos energéticos negativos e implantes de limitación en tus pacientes, entre otras cosas. Con esta capacidad, una vez encendida, captarás con rapidez la negatividad, las desarmonías y las enfermedades en los demás. Este suprasentido te servirá para establecer empatía con quienes vayan a ti o tú te acerques a ellos. Tu “sentir” te dará mayor seguridad y protección personal porque funcionará como un impenetrable escudo bioenergético. Te adaptarás con facilidad a los lugares y te volverás cariñoso con las plantas, los animales y las personas, etc.
Por otro lado, el “saber” es un conocimiento interno que no se apoya en estímulos externos. Sólo sabes lo que sabes sin saber por qué lo sabes. El área de la intuición se encuentra físicamente en la coronilla de tu cabeza. Es como un embudo que se prolonga hacia arriba a partir del centro de tu cerebro y se ensancha a medida que sale. En esa área existen filamentos nerviosos de los dos hemisferios cerebrales que se conectan entre sí. Cuando quieras capturar algún conocimiento o saber algo que tenga que ver con alguien sólo tienes que activar tu sentido del “saber”. Debes utilizarlo como si “pensaras hacia arriba” y con eso tendrás la información a tu entera disposición. Imagina un torbellino de energía arriba de tu cabeza con la parte más ancha hacia afuera y hacia arriba dirigiéndose al infinito.
Orienta siempre tu percepción consciente hacia arriba y concentra tu atención a tener cualquier tipo de experiencia. Con el uso continuo de este sentido tendrás sensaciones de una elevada armonía y muchas impresiones entrarán a tu mente. Te repito, sólo consistirá en que pienses como siempre lo has hecho, pero, dirigiendo tu antena receptora “hacia arriba”, siempre hacia arriba. Así abrirás a voluntad el portal que te conectará con el conocimiento universal. Como este es el más veloz de tus suprasentidos, las impresiones que recibirás al principio serán muy rápidas, por eso tienes que estar muy atento a ellas. Llegarán en forma fugaz y se desvanecerán pronto. Deberás capturar la primera impresión, porque es la que más cuenta. Con el tiempo podrás llegar a dominar lo que llamo “percepción remota” o extrapolación mental… ya habrá oportunidad de enseñarte esa técnica.
Con el “saber” desarrollado podrás analizar muy rápido toda clase de situaciones y siempre tomarás buenas decisiones. Las soluciones a los problemas te surgirán “espontáneamente” y tu vida fluirá con mayor libertad. Ahorrarás energía y no te preocuparás casi por nada. Siempre “sabrás” lo que esté ocurriendo a tu alrededor y te podrás adelantar a los eventos futuros; porque “intuir”, que es lo mismo que “saber”, es conocimiento instantáneo y a la vez profético; todo eso obtendrás cuando eches a andar tu sentido superior del “saber universal”. Tu mente trabajará a una velocidad muy superior a la media general y hasta llegarás a creer que los demás piensan y actúan en cámara lenta. Te la llevarás terminando las frases de tu interlocutor porque sabrás lo que te quiere decir antes que acabe de hablar. No te preguntarás cómo ni por qué lo haces. Tu vida se serenará y siempre serás exitoso, etc. ¿Quieres activarlo ya? Espera un poco, un poquito más. Pronto te diré dónde está el interruptor de “on/off” de cada uno de tus sentidos superiores.
Ahora le toca el turno al “oído mágico”, así le digo yo. Este sentido superior se ubica poco más arriba de las orejas. Es precisamente en el área de los lóbulos temporales del cerebro, en donde se procesa la información auditiva; me estoy refiriendo a las terminaciones o filamentos del sistema nervioso central. Cuando pongas en actividad el oído mágico “escucharás” ciertos sonidos internos como palabras, frases, o algo tan similar como el monólogo que oyes mentalmente cuando ‘hablas’ contigo mismo. Esa área es tan sensible porque hay instalados allí unos aparatos semejantes a micrófonos los cuales amplifican y canalizan directamente la vibración que reciben hacia los lóbulos temporales. Empieza a practicar lo siguiente: sube y baja, luego baja y sube y vuelve a subir y bajar la concentración desde tus orejas físicas hasta el “oído mágico” una y otra vez hasta que localices el área exacta. Ese sensible audífono interno se encuentra de la punta superior de las orejas hacia arriba tres centímetros, siempre hacia arriba. Para que practiques pregúntate a ti mismo algo y recibirás la respuesta adentro de tu cabeza de inmediato, hazlo y lo escucharás…
¡Quizás sea tu maestro o guía quien se esté comunicando contigo! Tu capacidad de “oír” es mucho mayor de lo que te puedas imaginar. ¿Cuántas veces has oído que te llaman por tu nombre sin que nadie lo haya pronunciado? ¿Cuántas veces has escuchado una canción que te da lugar a intuir algo o te transmite cierta información? Para que te conviertas en un verdadero telépata, o sea, que puedas proyectar tus pensamientos para que otros los escuchen necesitas desarrollar la habilidad que te da el “oído mágico”. Con el tiempo captarás fácilmente cuando alguien te mienta en medio de una conversación. ¿Por qué? Porque “escucharás” la oración completa que el otro está pensando decir, aunque en el momento de modularla verbalmente modifique su contenido; o sea, ya ves que uno piensa lo que va a decir, ¿no? Nada más que si no le conviene decirte la verdad, cambiará las palabras, pero tú lo agarrarás “en la movida” porque podrás leer —en este caso ‘escuchar’— sus pensamientos, ¿estamos?
Bueno, quiero concluir con el cuarto de los sentidos superiores que vas a tener que manejar, porque te servirán como herramientas de diagnóstico y a la vez son sentidos innatos o propios del Ser… A este le llamo: “visión del campo biomagnético”, y se encuentra en tu frente. La “visión” te permitirá ver más allá de lo que tus ojos físicos perciben normalmente. En tus sueños “ves” sin usar los ojos, ¿verdad? Ah, pues igual, serán impresiones visuales proyectadas en una pantalla rectangular mucho mejor que las de plasma —hablando de nitidez, por supuesto— percibidas a través de tu ojo interno o de la mente. Tu “visión” se encuentra en la corteza frontal, al interior, por la parte posterior de tu frentecita. Tienes que empezar a focalizar tu atención en ese lugar para que actives la “visión”. A ver, abre y cierra los ojos, por favor. Cuando cierras los ojos, tu atención se desplaza hacia arriba. ¿Sientes el movimiento? Vuelve a cerrar los ojos y aunque veas sólo oscuridad dirige nuevamente tu atención hacia arriba…
El embudo de energía se proyecta de adentro hacia afuera de tu frente aproximadamente a tres centímetros de tus ojos físicos, en el centro de la frente. Ese es el punto focal de tu “visión superior”. Deja que las impresiones vengan solas. Borra las nociones preconcebidas acerca de lo que deberías “ver”, porque cada quien ve diferentes detalles de un mismo lugar, ¿no es así?, seguro que lo es… Ejercita la imaginación para que eleves tu capacidad de visión. Las imágenes son simbólicas. Toma en cuenta que la impresión principal puede llegarte en un lapso de cinco a diez segundos. Si sientes que no has recibido nada hasta entonces es probable que no hayas reparado en la impresión misma o que te esforzaste tanto que volviste a la visión física sin darte cuenta; ¿no habrá sido un simple flashazo?… Vuelve a cerrar tus ojitos y eleva tu enfoque en el área de recepción de la “visión biomagnética”; siente cómo se agudiza tu conciencia cuando te sintonizas. Entiende que una imagen vale más que mil palabras.
Sigue practicando a “subir” la mirada, pero ahora con los ojos abiertos. Desarrollando este sentido podrás “ver” cuando algo no esté bien y qué es lo que no funciona. Lo más importante de todo es que verás el espectro del aura de los demás. El aura es una radiación electromagnética corporal, ideas, sentimientos y otras energías que rodean el cuerpo físico. Ésta te puede revelar el estado de ánimo, sus intenciones y el estado de salud que guarda en esos momentos un individuo. Ver el aura te servirá para poder interpretar la personalidad de los demás. Ver es creer.
El brillo o resplandor energético de las plantas, animales y personas se ve exclusivamente cuando tienes funcionando la “visión del campo biomagnético”. No tienes que mirar fijamente; debes mirar más allá de la persona, por encima de sus hombros o alrededor de la cabeza. Concéntrate en un punto específico para que automáticamente desplaces tu atención hacia arriba, como cuando echas las luces altas de tu carro al ir manejando de noche por la carretera. La clave está en que no te esfuerces ni te concentres demasiado, porque lo único que lograrás al enfocar demasiado es que bajarás a mirar de nuevo con los ojos físicos y tendrás que repetir la operación una y otra vez. Utiliza la visión periférica o lateral mirando suavemente el contorno de energía que brilla alrededor de los hombros y la cabeza de las personas.
Vas a hacer un ensayo: busca a alguien que esté dispuesto a ayudarte. Pídele que se pare o se siente delante de una pared blanca o de color suave o pastel. Colócate frente al sujeto a una distancia de 4 metros aproximadamente. Toma conciencia del área donde se encuentra tu “visión superior” y relaja tu cuerpo y tu mente. Cuando estés bien sintonizado observa a la persona que tienes en frente. Deja que tu mirada “repose” en ella. No la mires en forma directa, mírala por encima de sus hombros y su cabeza… en unos cuantos segundos empezarás a ver una banda de energía de unos tres centímetros alrededor de su cuerpo. Es probable que el haz de luz que veas que emite sea transparente, no te apures, vas bien, poco a poco tendrás mayor nitidez y percibirás los colores tal como son. La intensidad del resplandor puede darte idea del nivel de relajación de quien está frente a ti así como su vitalidad y campo de acción energética.
Ahora que si no cuentas con ayuda de otros, practica entonces con tu propia persona viéndote al espejo detenidamente hasta que captes la brillantez de tu campo de energía. Y si todo lo que te acabo de decir no puedes llevarlo a cabo con facilidad, quiero que en un estado de relajación, estando parado o sentado, pongas una de tus manos extendida frente a ti, enseguida focaliza tu atención en el área de la “visión” que tienes en tu frente y ve la energía de tus dedos, la de cada uno y la de todos juntos; en cierto momento verás un “guante” energético de color azul o verde que envuelve tu mano entera, ¿lo ves? Es muy sencillo. Practica mucho la técnica. Te recomiendo que a partir de ahora veas lo que te rodea mayormente con tu “visión superior” que con tu mirada física y ten por seguro que tu vida cambiará.
Y vuelvo a lo de la integración con todo lo que te rodea. Ten presente siempre que cuando ‘objetas’ estás en contra de la ‘vida’ que tienen por dentro las cosas, energéticamente hablando. ¿Te das cuenta que estoy entregándote valiosas herramientas para que sepas cómo actúan los demás y para conocerte mejor a ti mismo? ¿Has entendido que tu misión es llegar a fusionarte con tu Ser por medio de la re-ingeniería que te enseño? Muy bien, entonces te voy a pedir que leas el libro completo de principio a fin para que tengas un panorama más claro acerca de lo que quiero que recibas. Te repito, por ahora nada más lee, hazlo con gusto, si algo no te quedó claro vuelve a estudiarlo y cuando hayas asimilado toda la información disponte a hacer los ejercicios de visualización que aquí te marco, ¿está claro?
Quiero que busques un lugar donde puedas estar completamente solo, sin ruidos externos y, de ser posible, consíguete musiquita agradable a tus sentidos. Te sentarás en un cómodo sillón, cerrarás tus ojos, y harás varias respiraciones profundas inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Cuando inspires, tratarás de ver, oír y sentir la energía que a través de tus fosas nasales llega hasta tus pulmones y, segundos después, expeles el aire por la boca imaginando que liberas emociones contenidas, preocupaciones, etc., y pides a tu mente y a todo tu cuerpo físico que se relajen completamente. El aire que entra por tu nariz también viaja por tu sangre y va hasta el cerebro oxigenándolo; es allí donde imaginarás millares de partículas de luz como esferitas multicolores y otras figurillas geométricas impactando, sacudiendo, golpeando o ejerciendo presión sobre tus neuronas dormidas para que éstas se despabilen y se pongan a trabajar.
Ahora respiras pausadamente y enfocas toda la atención en el área de tu corazón. Escucha los latidos de tu corazón. Trata de escuchar la corriente sanguínea y trata de “ver” a tu corazón funcionando. No dejes jamás de sentir los latidos de tu corazón. Enseguida hazte consciente del área del “sentir” ubicado en tu plexo solar y siente allí, precisamente, los latidos del corazón; como si tu corazón estuviera localizado en ese punto; hasta que sientas y visualices unos aros de energía que giran de un lado para otro, ya sea de afuera hacia adentro o de adentro hacia afuera del lugar que te indico. Eso te puede tomar uno ó dos minutos, de ti depende. Enseguida subes los latidos de tu corazón hasta el área de tu “visión superior” localizada en la frente y sientes los latidos y visualizas los mismos aros que giran… cuando tú quieras diriges los latidos del corazón a las áreas del “oído mágico”, poquito más arriba de cada una de tus orejas hasta que sientas y visualices lo mismo… por último enfoca toda tu atención para sentir los latidos del corazón en la coronilla, en la parte alta de tu cabeza, donde se localiza el área del “saber universal” hasta que visualices los aros energéticos y los hagas girar suavemente…
Tu corazón es una fuente inagotable de amor, por tanto, visualiza esferas color de rosa que salen desde ese centro cardíaco y en ellas envuelves, una a una, la imagen de todos tus seres queridos. Enseguida genera muchas más burbujas de un intenso color rosa, el color del amor, y guarda en su interior la imagen de aquellas personas que considerabas tus enemigos; aquellos que alguna vez en tu vida se burlaron de ti, te calumniaron, malinterpretaron tus palabras, etc., etc., dales mucho amor, perdónalos y acéptalos como amigos. Perdónalos porque sólo así irás eliminando escoria e impurezas que mancharon tu corazón. Visualiza además a todas las personas con las que tuviste algún altercado, aquellos a los que tú les faltaste al respeto y dañaste de alguna forma; pídeles perdón, con eso ayudas a quitar de su conciencia la mala impresión que tienen de ti.
También pídete perdón a ti mismo por todas las cosas que hiciste mal en el pasado y que cambiaron tu destino; concédete el perdón, lo mereces. Pídele perdón a la energía que vibra en el interior de todas las cosas a las cuales llamaste “objetos” sin saber lo que hacías porque estabas inconsciente. Haz un recorrido mental por toda tu casa y pídele perdón a todo lo que hay allí; al mismo tiempo dale gracias al sillón que usas para sentarte, a la cama, la almohada y las sábanas que te cobijan por las noches, a tu recámara completa, a tu cuarto de baño, la cocina, el comedor, etc. Ve a tu cochera y ‘habla’ con tu carro. Pídele perdón por el mal trato que le diste; pídele perdón a la palanca del freno de mano porque en forma brusca la jalas cuando estacionas el coche; si pudieras oír los lamentos del freno de mano de tu auto seguro actuarías diferente.
Visualiza ahora tu cuerpo físico, y desde los pies a la cabeza a todos y cada uno de tus órganos vitales agradéceles por todo el amor y el servicio que te han dado. Quiero que salgas de tu cuerpo un poco y, flotando en el espacio, vayas afuera de tu casa, elévate lo suficiente para que veas la colonia donde vives y agradécele porque te permite estar allí; dale las gracias a tu ciudad, a tu estado, a tu país, tu continente y al planeta entero. Agradece con todo tu corazón a los elementos de la naturaleza: el aire, las aguas, las plantas, los animales, los minerales, etc. Envía vibraciones de amor a los humanos de todo el mundo. Ellos y tú son como pequeñas partículas que forman parte de un organismo mayor: la Tierra. ¿Te das cuenta que te estás integrando con lo pequeño, mediano y grande que te rodea? A fin de cuentas nada está separado, todo forma parte de una misma cosa. Regresa a tu cuerpo físico e instálate correctamente. Mantén siempre la vibración de amor que acabas de alcanzar.
En completo estado de relajación física, emocional y mental comenzarás a visualizar líneas de energía de color azul que “marcan” tu cuerpo como los paralelos y meridianos que dividen imaginariamente al planeta. Todo, pero todo en el universo tiene esas líneas de energía. Son el entramado de conciencia, son como una cuadrícula, una ‘telaraña’ perfecta de luz que hace vibrar en esta y otras dimensiones todo lo manifiesto. La intersección, o sea, donde “chocan” entre sí cada una de las líneas de luz —si entiendes que son como coordenadas “x” y “y”—, justamente en cada uno de esos cruces mágicos vibra más intensamente la energía formando “portales” que te sirven para ir a visitar realidades cuánticas dentro de ti mismo y en todo el universo. No hay un número exacto de líneas de energía que atraviesan horizontal y verticalmente tu cuerpo. Al principio puedes ver desde tus pies a la cabeza aproximadamente unas cincuenta rayas “acostadas” y unas veinte “paradas” formando la cuadrícula, dependiendo de la “distancia” a la que visualices tu cuerpo; haciendo un acercamiento verás más, más y más líneas entretejidas. Esa red de luz es la que da “vida”, energéticamente hablando, a tu cuerpo.
Cuando ya veas las líneas de luz azul, ubicarás las coordenadas “x” y “y”, o sea, la latitud y longitud que corresponda al punto exacto de los cruces donde está situado tu corazón. Te acercas a la intersección de esas dos líneas y ves un torbellino de luz formando una “capa” muy fina y suave, media vaporosa y líquida a la vez, como la imagen que nos presentan en la película “Star Gate” para atravesar a otra dimensión que no es la física. Pues bien, debes cruzar esa puerta dimensional e ir a una realidad cuántica que te aguarda con ansia… “introduce” primero las manos, enseguida atraviesa lentamente el resto de tu cuerpo sintiendo cómo pasa la nariz, el pecho, los hombros y tu cara hasta entrar completamente a otro plano y situarte en… ¡un paradisíaco lugar!
Te encuentras en un claro de un bosque, hay verdes y frondosos árboles que despiden un fresco aroma a pino, a lo lejos se recortan las montañas; puedes ver el sol y sus rayos llegan hasta tu cara, sientes su suave y paternal calor. En el cielo azul hay unas nubes blancas y profundas que parecen de algodón. El viento sopla y mueve tus cabellos. Estás descalzo y sientes bajo tus pies el pasto húmedo por el rocío de la mañana. A unos metros de donde te encuentras ves un riachuelo con aguas cantarinas que desembocan hasta un pequeño lago donde hay muchos peces de diferente color… ellos te saludan felizmente; te reconocen, saben quién eres. Levantas la mirada y con tu vista recorres todo el paisaje; junto al estanque lleno de peces tornasol hay un hermoso árbol, sentado apaciblemente bajo su sombra se dibuja la figura de un Ser, que en cuanto tú lo ves se incorpora y avanza hacia ti…
El Ser porta una hermosa vestidura; se acerca en forma pausada y segura hasta quedar completamente frente a ti. Se presenta como tu maestro guía y dice que ha esperado mucho tiempo para este encuentro, el cual no es fortuito. Escrito estaba, éste era el día y la hora precisa para que se encontraran. Tú le preguntas su nombre y él te lo da con mucho gusto. Él te ofrece un hermoso regalo, que recibes con amor. Lo revisas ansioso, te sientes excitado y muy feliz, le agradeces profundamente y lo guardas en tu corazón. Su compañía te agrada sobremanera, sientes como si lo conocieras desde hace mucho tiempo; te es tan familiar; y es que te transmite una paz y una armonía que te cuesta trabajo describir. En forma recíproca tú creas mentalmente un hermoso presente que ofreces a tu maestro en agradecimiento. Él te lo recibe, inclina un poco su cabeza reverenciándote y lo guarda en su corazón también. Luego se funden en un largo y cariñoso abrazo.
Tu maestro te enseña un castillo medieval que está como a unos cincuenta metros de distancia del lago… es una majestuosa construcción. Empiezan a caminar hacia él y te va explicando que esa edificación representa tu morada, tu casa interna, donde vive un séquito de personajes, la “familia real”, a quienes tienes que conocer. Su voz se torna un poco nostálgica y grave. Llegan a las puertas del castillo y descubres el porqué del tono de su voz. El castillo tiene muchas telarañas en sus paredes; —¡Está abandonado! —exclamas sorprendido. —No precisamente —contesta tu maestro—, sólo está encantado. —¡¿Encantado?! —preguntas sin salir de tu asombro. —Verás —tu guía hace una respiración profunda y continúa—: Tuvimos que ‘congelar el tiempo’ en tu castillo interior. ¿Recuerdas el cuento de la bella durmiente; te acuerdas de esa hermosa princesa que se le tuvo que poner a ‘dormir’ hasta que viniera a despertarla un caballero?, pues tú eres el príncipe que viene desde ‘lejanas tierras’ a despertar a su princesa adorada. —¡¿De qué estás hablando?, por amor de Dios!, Dímelo. —Mira —nuevamente tu maestro toma una bocanada de aire y te sigue explicando—, hace mucho tiempo por tu comportamiento inconsciente y cruel para contigo mismo, fue tu alma la que sufrió las consecuencias con tu terrible forma de ser… en vidas pasadas robaste, violaste, le quitaste la vida a otras personas en enfrentamientos absurdos, etc., pisoteaste a tu alma, la vituperaste, la lastimaste profundamente negando su existencia. Cegado por las circunstancias, sin saber lo que hacías la encadenaste y la fuiste a encerrar en las mazmorras de tu propio castillo. —¡No puede ser! ¡Yo no he hecho eso nunca! —No lo recuerdas, pero así fue. Afortunadamente tu alma aún se encuentra viva, pero está sufriendo mucho en aquel lúgubre calabozo que tú mandaste construir expresamente para ella en medio de tu locura; tienes que ir a liberarla, tú eres el único que puede hacerlo. —Por favor, acompáñame, maestro querido. —A tus órdenes, amigo mío.
Sin pérdida de tiempo hábilmente abres la puerta del castillo. Corres hacia unas escaleras que te conducen a los sótanos. Está oscuro, húmedo y huele mal. Tu maestro enciende una antorcha y con la luz que proyecta avanzas resuelto tratando de ubicar un lastimero llanto que se escucha a lo lejos. A zancadas salvas el trayecto que hay hasta llegar a un cruel calabozo protegido por gruesos barrotes de hierro. Tu maestro te pide busques la llave que abre la cerradura de la celda y tú esculcas tus ropas queriendo encontrar afanosamente una llave. ¡La llave pende de tu cuello! La desanudas rápidamente, la introduces y giras la chapa abriendo la prisión. ¡Por Dios!, allí, en el fondo, en un rincón, ves a una hermosísima princesa con lágrimas en sus ojos. Te das cuenta que estuvo a punto de morir de inanición. ¿Cuánto tiempo habrá pasado sin recibir alimento de tu parte? Eso sólo tú lo sabes, porque al alma se le alimenta por medio de impresiones positivas. Su linda cara no se alcanza a apreciar porque la ocultan un montón de cabellos hirsutos. El abandono hizo mella en su figura. Un grueso grillete atado a uno de sus piecitos le impide moverse libremente. Acongojado por lo que estás viendo no soportas más y te arrojas a sus pies; con la misma llave que abriste los barrotes de la celda liberas el grillete. Luego ayudas a incorporarse a tu amada princesa, digna expresión de tu espíritu. Ella es tu esencia, es tu alma. Representa la parte femenina de tu real Ser y mira dónde estaba. Se encontraba ‘encadenada’ por tu forma de actuar baja y ruin en la presente y pasadas existencias… pero ya no más; por fin has llegado a rescatarla.
Cuando ella está de pie, libre de ataduras, sucede algo extraordinario… Tu bella princesa se transforma en la dama más hermosa que jamás hayas visto. Sus vestiduras se tornan celestiales; la celda y los pasadizos se iluminan por completo y el fétido olor a humedad que había cambió a un aroma de incienso y mirra, se escucha una música muy agradable y los pisos y las paredes de las mazmorras están revestidos de finísimo mármol rosa. La mirada de aquella bendita y pura mujer es dulce, y penetra hasta lo más hondo de tu corazón, se está conectando a ti. Tu alma te pertenece. Es tu complemento interno. Habías estado desalmado por mucho tiempo, por eso actuabas así, por eso eras así; ahora serás otro, porque te estás integrando. Pides perdón a tu princesa y te fundes con ella en un abrazo lleno de amor. Tu alma se impregna a ti, se introduce en ti, porque siempre ha formado parte de ti. Ella y tú se hacen Uno. Sí, Uno… ella vivirá por siempre en ti. Ella te ayudará a ser mejor. Los dos son Uno ahora, y por los siglos de los siglos…
Tu maestro toma tu mano y te pide salir del lugar… cuando suben las escaleras te encuentras con un espectáculo impresionante. Todo el palacio, por dentro y por fuera, está en actividad, ¡ha vuelto a la vida! Ya no se ven telarañas en las esquinas de las paredes, ahora todo está remozado. Todo está limpio, huele a fresco y es muy elegante, hay colorido, música y algarabía en general. Ves mucha gente que camina por los patios y pasillos del lugar, están rebosantes de alegría y cantan himnos y alabanzas con amor. Tu maestro te conduce hasta un enorme salón donde está todo dispuesto para la celebración de una gran fiesta. ¡Un acontecimiento sin precedentes!
A lo lejos ves a dos seres ataviados de forma majestuosa que se dirigen prestos hacia ti. Se trata del rey y la reina del palacio. ¡Son tus padres cósmicos! En estos momentos quiero recordarte que tú, más bien tu Ser, es de descendencia cósmica y divina; sus padres —de tu Ser— son de otro lugar y otro tiempo y siguen existiendo; viven en su lugar de origen y también viven en ti. Pueden estar en diferentes lugares a la vez. Sale sobrando decir que también tu Ser ha sido, es y lo será por siempre. Ahorita tú eres nada más la parte física, el vehículo de manifestación de tu espíritu. Aún te falta fusionarte con tu Ser para lograr la integración completa…
Tus padres cósmicos te abrazan cariñosamente y lloran contigo embargados de una inmensa alegría. Tú te arrodillas ante ellos y les pides perdón por todo el tiempo que estuviste ausente, lejos de su presencia. Eres el hijo pródigo que regresa después de mucho tiempo de ir por el universo infinito. Fuiste a buscar aventuras, fuiste a crecer en todos los aspectos de la vida, fuiste a hacer conocido lo desconocido. Ahora regresas fuerte, has madurado y podrás asumir tu cargo dignamente. Eres el príncipe heredero al trono y estás casi listo para empezar a gobernar tu vida sabiamente, así como la de todos tus súbditos. Tu reino eres tú mismo y todo lo que te rodea. Tu reino está adentro de tu persona física. A partir de ahora tus actitudes para con la vida deberán ser las de todo un caballero. Tu tiempo para la coronación está cerca.
Los reyes —tus padres— regresan a la parte principal donde se encuentra el trono y te presentan ante la concurrencia. Los allí presentes son amigos tuyos de muchas existencias y se han dado cita viniendo de todos los rincones del universo, especialmente de los lugares donde has vivido alguna vez en otros tiempos. Muchos de ellos son tus familiares. De hecho, se encuentra allí tu amada pareja, tu alma gemela. También todos tus hijos y hasta los hijos de tus hijos. Tu Ser es muy ‘viejo’ y ha tenido un sinfín de vidas; muchos matrimonios, muchas parejas, muchos hijos, nietos, etc. Un buen día tendrás que recordar todas y cada una de las existencias que has tenido durante milenios de tiempo; con eso culminarías la verdadera integración. “Tal como es arriba es abajo”, eso quiere decir que la vida superior es un reflejo de la vida física. Así como es en la tercera dimensión, así es en las dimensiones superiores, ni más ni menos.
A una señal de tu padre la orquesta real empieza a ejecutar tu pieza preferida. Tu pareja solicita tu mano para bailar y se dirigen al centro del salón iniciando con esto la gran celebración. Enseguida todos los demás les acompañan y juntos comparten dichosos…
Cuando la fiesta termina, uno a uno los invitados y familiares se retiran, no sin antes pasar a despedirse saludándote efusivamente y aprovechan para desearte lo mejor de lo mejor en tu nueva etapa. Tus padres hacen lo mismo, sólo te recuerdan que en el momento mismo que te fusiones con tu Ser vendrán desde su reino para colocarte la corona.
Tu palacio ha quedado únicamente con el personal necesario para que funcione en forma correcta. Ahora tu maestro te invita a hacer un recorrido para que lo vayas conociendo. Caminan juntos por largos pasillos y no dejas de admirar la exquisita arquitectura y decoración en pisos, techos y paredes, así como la hermosura de sus exóticos jardines. Te das cuenta que el edifico tiene varios niveles y muchas habitaciones. Al primer cubículo que te pide tu maestro que entren funciona como una gran biblioteca y despacho a la vez. Adentro ves un amplio escritorio, sillas, pantallas gigantes y diversos aparatos electrónicos como las computadoras de la Tierra. Observas ordenados muchos anaqueles, amplios y altos con una cantidad enorme de libros cada uno. También ves gavetas o archiveros que contienen muchísimas carpetas. En el interior de cada fólder hay hojas que son contratos, convenios, juramentos, promesas y demás cosas que hacen de tu existencia lo que es: una vida llena de limitaciones y complicaciones. Es el momento preciso, te dice tu maestro, para que estudies cada uno de los archivos que tienen que ver con lo pesada que es tu vida.
Tu maestro te pide que te sientes en el sillón ejecutivo del escritorio y te empieza a llevar pilas enormes de hojas para que las revises… Después de analizar concienzudamente cada caso, con una pluma de tinta indeleble color rojo púrpura que está junto a ti escribes en cada contrato la leyenda correspondiente: “cancelado”, “revocado”, “sin valor” “renuncio”, etc. Al terminar, entre los dos trepan todas las cajas a un carrito y se dirigen a una gran chimenea que se encuentra empotrada en la pared norte del salón; la chimenea está encendida y sus llamas crepitan sin parar; acto seguido destruyes rompiendo con tus manos en dos y hasta en cuatro partes las hojas y echas los pedazos al interior vigilando que se consuman por el fuego. Por supuesto que en tus adentros experimentas un gran alivio con cada documento, contrato o legajo que ves que se reduce a cenizas pues te estás quitando “peso de encima”. Ya te sientes mucho más ligero y con ganas de seguir escudriñando las novedades que se te presentan.
Ahora que te encuentras más tranquilo, tu maestro te explica a grandes rasgos cómo funciona la biblioteca. Te dice que el propósito principal de su existencia es proteger la historia de todas las vidas de tu Ser. [Tus vidas. Porque tú eres el Ser, nada más que no lo recuerdas todavía]. Pasean por el ala sur de la biblioteca, donde está el “salón de las grabaciones”. Éste cuenta con tecnología muy difícil de entender para una conciencia humana. Es que en ese hermoso espacio no sólo puedes leer acerca de tus vidas, sino que puedes volver a experimentar en carne propia cualquier evento que desees. Los libros almacenan las memorias en forma viva, plasmando en su interior todos los eventos pasados y por venir. En el salón de las grabaciones está adaptado un pequeño teatro donde te sientas confortablemente y ves cualquier cosa que elijas en vivo y en directo. No estoy hablando de las películas en “tercera dimensión” que hay en la Tierra; lo que más llama la atención de esas “puestas en escena” es que tú también interactúas. ¿Lo puedes creer? ¡Esa sí que es una verdadera forma de aprender!
Bueno, bueno, bueno, creo que es mejor que paremos aquí con el ejercicio de visualización. Sé que es un tanto complicado para ti realizar correctamente este trabajo porque necesitas una guía. De otra manera tendrás que aprenderte los pasos y volver a “meterte” una y otra vez a esa dimensión donde todo es más real que en el plano físico tridimensional. Al mundo físico lo sostiene y le da vida la mente colectiva o Conciencia Cósmica Universal, no lo olvides jamás. Ahora, para que visualices de una forma correcta, déjame enseñarte a hacer eso precisamente. Si cuando cierras tus ojos, ves oscuro, eso quiere decir que tu pizarra donde dibujas es negra, así de simple. Entonces, nada te cuesta que imagines, para empezar, que tomas un gis de color amarillo entre tus manos y traces unas líneas… dibuja un círculo y rellénalo de color; luego haz un cuadrado o rectángulo y por último un triángulo. Cuando los hayas pintado de amarillo, luego practica con esos mismos dibujos a colorearlos con el azul; y después con el rojo. Esos tres son los colores primarios. Cualquier otro tono lo vas a obtener combinando aquéllos entre sí, ¿de acuerdo?
Es importante que te convenzas a ti mismo “que ves”, que ves más allá de lo que registran tus ojos físicos. Seguramente en alguna etapa de tu vida inconscientemente bloqueaste esa hermosa capacidad al compararte con los demás. De niño, tú veías, recuérdalo. Veías cosas que pudieron haberte hecho sentir incómodo y optaste un mal día no querer ver más. En cuanto deseaste no querer ver más allá de lo evidente sin discusión alguna se te cerró ese sentido superior o extrasensorial y terminaste siendo alguien más ‘del montón’, una personita común y corriente, o un robot más bien, diría yo. Hoy debes aceptar de nuevo que ves, pero hazlo consciente, desde el fondo de tu corazón. Honestamente repítete a ti mismo cuantas veces sea necesario lo siguiente: “Yo veo, yo veo, yo veo”. “Yo siempre he visto y siempre veré, porque nunca he sido cegatón”. Esa es la forma más clara y fuiste investido desde que naciste, ¿cómo la ves? En otras palabras, pateaste el pesebre. ¡Qué ingrato!
Pero ya no hay tiempo para seguirle echando más leña al fuego; nadie tiene la culpa. Ya lo pasado, pasado, como dice la canción. Ahora tienes que hacer todo un trabajo de reingeniería en tu interior para que tus sentidos superiores vuelvan a entrar en funcionamiento total. Lo necesitas urgentemente. Con ayuda de esas capacidades vas a poder salir del escenario ilusorio que te muestra la vida física. Hace unos instantes te decía que si veías oscuro, pues que utilizaras el pizarrón negro… pero, ¿no será que estás a oscuras en ese lugar porque no has prendido las luces? ¿Acaso dejó de haber energía eléctrica en tu propiedad? Si así fuera, por qué no echas un vistazo donde se encuentra la caja de registro, no vaya a ser que de veras la pastilla esté en “off”. Estoy tratando de hacerte entender que muy probablemente en tu casa, incluyendo la oficina en donde diseñas, la palanca de la luz está abajo y, por tanto, hay que proceder a “subirla”. Cuando la hayas subido o puesto en “on”, camina por el interior de tu mansión y ve prendiendo las luces de los pasillos, luego la sala, la de la cocina, el comedor, habitación por habitación, etc., con eso verás que poco a poco las líneas que antes trazabas en un ambiente de ‘blanco y negro’ ahora se verán en color sepia, y hasta verás, no sin asombro, que tus dibujos “cobrarán vida”, porque terminarás percibiendo todo en “tercera dimensión”.
También quiero que sepas que si llegaras a tener problemas con imaginar los colores amarillo, azul y rojo, te dirijas mentalmente a tu armario o clóset, seguramente allí has de tener algunas prendas de vestir guardadas y que tienen éstas los colores que antes mencioné. Por favor visualiza esa camisa, playera, pantalón, falda o hasta calzón, etc., verás que, como en tu mente hay un precedente, se te facilitará la percepción. Por supuesto que ahora que ya hay “luz” en tu departamento de diseño, tu pizarra ha cambiado del color negro al blanco. Ahora se ha convertido en un pintarrón y los lápices de colores son marcadores mágicos; no olvides que también cuentas con un borrador para que hagas los cambios pertinentes a tus dibujos. Cuando empieces a “ver” de la manera que te digo, tu vida cambiará; se marcará de tal forma que a partir de ese bendito día dividirás el tiempo en un “antes” y un “después”. ¡Felicidades por eso!
Ahora que si tú gustas, y sabes computación, imagina que abres un nuevo documento en tu pantalla y “creas” en una hoja en blanco aquel dibujo que quieres con todas las propiedades que puedas imaginar, semejante a una fotografía o pintura de acuarela y que, más temprano que tarde, terminará por convertirse en una imagen con movimiento. Cuando “cierres” el programa de diseño o esa ventana o documento en particular no olvides “guardar cambios”; también nombra correctamente el archivo con todo y la “extensión” y envíalo a la carpeta que has creado para tal efecto. Así, cuando desees “editar” el dibujo, o sea, quitarle o ponerle más elementos, irás rápidamente a la “dirección” adecuada. Te doy un ejemplo: C:\Usuario\Trabajos\Libro de bioquantum\capítulo11.txt; ¿captas la idea?
¿Te has dado cuenta que todo lo que se sabe de computación hasta nuestros días es información que se ha sacado del interior de la mente humana? Así es. ¿Estás asombrado? Espérate un tiempo más, cuando las computadoras por dentro, o sea, su hardware, no sea más a base de componentes electrónicos, sino que estén fabricadas por medio de aminoácidos, ¿te imaginas? Las computadoras van a poder interactuar con sus propietarios. Ya se está trabajando en eso y pronto estarán disponibles para todo público. ¡La fantasía ya se está haciendo realidad!
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